martes, 20 de septiembre de 2016

XXXIV.

(Publicado originalmente el 13 de septiembre de 2016).


Ha sido un largo día, pero con una eterna madrugada. La noche anterior pasó lo que sabía, tarde o temprano pasaría. Es como un círculo vicioso, una serie de sucesos cíclicos que enferman a cualquiera. Intentaré resumir lo que pasó, porque estoy seguro, nunca más volverá a pasar. Había comenzado poco a poco a tomar nuevamente distancia de este tipo de lugares, pues no encuentro ya algo enriquecedor ni valioso en ellos. Por antemano sabía ya que aquí frecuentan muchos que, como yo, sufren de algún tipo de trastorno o enfermedad mental, psíquica o interna. En mi caso personal, buscaba por este medio una manera alternativa para socializar, ya que como todos saben, soy asocial, huraño y desconfiado.
Había hecho pues nuevos amigos, gente que "eran más maduros" debido a sus edades o múltiples ocupaciones. Aún así intenté acercarme, especialmente a dos a quienes nunca, nunca debí acercarme, pues ya sabía qué tipo de trastorno padecen.


Sea debido a la mala suerte, a mi mal gusto, a ambos o a algo más, intenté dejar a un lado los prejuicios, abrirme un poco, conocerlos y darme a la vez a conocer.  Pero ambos tuvieron exactamente el mismo tipo de reacción hacia mi, como si se trataran ellos de una poderosa carga de dinamita, y yo sólo un desafortunado fósforo.  El primero explotó hace unas.. 3 semanas, me trató mal porque vio lo que quiso ver en mi, no la realidad objetiva de las cosas y además porque "estaba molesto" (Pero en un vocabulario soez, por supuesto).  Luego de darme una retahila muy rica de maldiciones, vulgaridades y términos indecorosos, decidí no volverle a hablar más, yo ya sabía que él era quien tenía problemas, y culpa a todos a su alrededor por ser un "transexual incomprendido", sin darse cuenta que es su vocabulario borde y su actitud soberbia la que hace que en ningún lado le den un espacio, Es una pena.

Con el segundo caso, que francamente me lo esperaba menos, ocurrió anoche. Si, lo admito, estaba deprimido, llevo así desde hace unas semanas y sólo he emprendido un descenso en mi condición mental, pero incluso, a pesar de eso, no dejo de ser formal. Le dije al joven en cuestión que en un futuro cercano me gustaría conocerle así como quiero conocer algunos conocidos que tengo allí, tomar un café o un té, hacer buenos recuerdos, conocer lugares nuevos. Sin embargo, como si fuese una mecha comenzó a insultarme, a llamarme cínico y mentiroso porque según el, eso se trataba de un coqueteo.  Finalmente perdí el control de mi mismo, pues habían hecho que mi uke entrara en crisis, no me contuve y comencé a insultarlo, cosa muy, muy rara en mi. Finalmente lo mandé al demonio, pero ese constante "no te creo" con el cual había yo comenzado a escribir mis cartas sigue persiguiéndome pese al tiempo. No me interesa que alguien que se cree un adonis piense que lo quiero llevar a la cama por invitarlo a un café o regalarle un dulce, pero en fin, ya he aprendido otra lección. No es posible ser formal y decente, porque te tachan de mentiroso, vil, cínico o promiscuo, mientras que por todas partes pululan los jóvenes de sexo fácil, casual y libertino con los cuales siempre, siempre termino chocando y peleando debido a su manera de ser.

Primero que todo quiero aclarar dos cosas; la primera, no soy promiscuo.  Quien me conoce bien, lo sabe de sobra, y segundo, no, no soy un mentiroso.  Si tengo raíces en otros países no significa que soy de allí, que mis ancestros tengan otras nacionalidades no es asunto de nadie.  Si alguien tiene en algún lugar una supuesta carta de amor hecha por mi en el último mes, me encantaría que me la mostrara, para partirle la cara en dos por ser un enfermo mentiroso y acosador. Por querer se amable y preguntar cosas simples, neutrales y normales ahora resulté con novios que ni siquiera yo conocía, ni conozco, ni por supuesto voy a conocer.  Ese límite que cruzaron con esa serie de calumnias me han dejado con una sola conclusión; En estos lugares "sociales y divertidos", por lo menos el 90% de los users están más enfermos que yo.

Por ello es que lamentablemente no haré más amistades, no frecuentaré lugares sociales, y me apena por aquellos pocos amigos que si hice y sé que sienten tanto aprecio por mi como yo por ellos. Sólo quien logra conocerme, se da cuenta de la verdad de las cosas. No soy de los que van por el mundo diciendo todo lo que me ha pasado con detalle para que sientan lástima por mi, y de estas 34 cartas, sólo una habla un poco acerca de lo ocurrido hace 10 años.. Y aún menos hablan de mi infancia y adolescencia, así que no puede decir cualquiera que ando como un obseso de atención gritando a los 4 vientos todo lo que me ha pasado, y las razones por las cuales soy así, como soy.

Es por esa razón que esta carta, es la penúltima en este lugar, la última, la carta XXXV será una carta especial, por tratarse de la última.  Es una "tarea" que me ha dejado la doc, espero que quien la lea, al menos no se aburra de ella. A todos quienes me dieron su mano, muchas gracias por todo. A quienes terminaron siendo buenos amigos míos, les doy infinitas gracias. Incluso a quienes me "tiraron piedras", pues de ellos también aprendí.

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