martes, 20 de septiembre de 2016

XXV.

(Publicado originalmente el 25 de mayo de 2016).

Finalmente y luego de 7 días de intensa agonía y un intenso dolor tanto en el cuerpo como el alma estoy aquí, sentado desde el umbral que divide la vida real de la mía, como si viviendo en la frontera entre dos mundos habría siempre de permanecer. Ayer hablé con ella, me dijo muchas cosas y me sorprende como alguien tan pequeño puede albergar tanta verdad. No, por mucho que la rechacé por años y nunca acepté tener que verme sublevado a su aparente voluntad me doy cuenta ahora, después de 12 años que estuve muy equivocado. Hablar sirve para despejar la mente, aclarar ideas, comprender otra perspectiva de la misma situación y preguntarme si realmente he estado haciendo lo correcto.

Es cierto, ya no tengo edad para estar buscando lo que no es para mi. No soy un joven, el idealismo romántico con el cual veo ese sueño imposible de ser amado debe aterrizar, ese sueño imposible debe ser superado y dejado atrás por el bien de mi salud mental. Y es que no entiendo cómo lo hace, como le es tan sencillo aceptar la soledad como si de algo feliz se tratara, no le duele, como es posible? Yo literalmente enloquezco estando solo, esta dependencia decía, no me traerá nada bueno a largo plazo, y debo reflexionar.

Trabajar esto no es tan sencillo, pero pensé que si podía anotar un punto de partida en algún aburrido texto, podría funcionar. Aún me persigue la culpa de lo que le hice hace 11 años, no me hace mejor que cualquier otro infame y ruin personaje de una historia, el antagonista, el de mente obtusa. Pero los años cambian a todos, y a pesar de que me han repetido incontables veces que soy una escoria, me he dado cuenta que no es así. Ese temor se está disipando poco a poco, con el paso de los días, de los meses, de los años, dando lugar a un ya viejo ser que ha sido curtido por la desgracia. Hay lecciones aprendidas, hay perdón, y con ello también han llegado decisiones, opciones pensadas concienzudamente y que me dan un poco de fuerza extra que tanta falta me ha hecho últimamente. Estoy herido, muy herido, cansado, debilitado. Estoy harto de unas cosas y aun pese a la basta experiencia, no comprendo, ese fuerte deseo de dormir y no despertar me tienta, pero no soluciona este enorme asunto kármico qué constantemente me esta pasando factura.

Quiero estar quieto,tiene eso algo de malo? Es acaso una decisión descabellada y aun más, una razón más para ser maldecido nuevamente? Necesito una pausa, un descanso, y los que tanto me dicen cosas a diario, esos "te quiero, me gustas y te amos" me llevaron al límite. Esta vez no es cuestión de incredulidad, es cuestión de agotamiento sentimental. Quiero estar con alguien que no use a nadie, que no juegue con nadie, que no manipule a nadie. Quiero estar con alguien con ambos pies en la tierra, que no traiga a colación mi pasado o el suyo, cuantas veces le parezca necesario.

Las cosas parecen haberse aclarado, poco a poco vuelvo al punto 0, y una extraña paz inunda mi ser. Se siente extraño, pero no mal, esta todo mejor? Ya he olvidado poco a poco esa compleja e insoportable manera en la que fui tratado a finales del año pasado y comienzos de éste, ya no duele, la herida ha estado sanando. Es tiempo de inhalar una buena bocanada de aire y exhalar, abriendo bien los ojos y manteniendome alerta, no quiero volver a ser herido de nuevo, solo quiero descansar..

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