miércoles, 7 de septiembre de 2016

XI.

XI.


Y los números de las cartas siguen aumentando, como los pasos que doy en el vacío, ".. El dolor de la ausencia de lo que nunca estuvo..".  Dilatar la esperanza, aferrarme a cada gota que de algún lugar el cual desconozco me reanima, limpia mi piel, seca mis lágrimas, pero entonces vuelven a aparecer. Y es esa incesante carrera de gente que desfila sólo para verme como una kimera maldita en un circo amarillista de siglos pasados, en donde se hacía fila, se pagaba por ver algo absurdo, horrible, deforme, monstruoso. Y no me molesta, en verdad no es así. La inmundicia de mi ser es producto de mi estupidez, de mi ignorancia, de mi inmadurez. Decidí entregar mi luz, mi alma, mi corazón a muchos locos ansiosos por experimentar. Y esos psicópatas que se turnaban para desollarme internamente se divertían inmensamente, la sumisión que aprendí a través del "verdadero amor" me condenó a la eterna desdicha. Y es en este valle del que no saldré por un muy largo tiempo comprendí a la vez que, lamentablemente, debido a la extraña morfología alterada dentro de mi siempre atraeré a curiosos, sedientos de seguir con ese macabro juego al que, desde un comienzo y lamentablemente, me he entregado.

Daría todo, tanto la vida como la muerte que me han sido arrebatadas por que este desdichado destino que parece repetirse incesablemente termine.  Es como esa serpiente que devora su propia cola, ese círculo que marca un ciclo eterno, como en todo lo que rigen las leyes de este universo y que, aparentemente, me hacen sentir que esa serpiente devoradora y que marca ciclos eternos que se repiten me tiene en el centro, allí, viendo pasar el tiempo, las mentiras, los juegos.

Por qué, por que pasa una y otra vez? Por qué no me dejan en paz, por qué jugar..?
Por piedad, no más.. Un respiro, por favor..
Lo suplico..

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