(Publicado originalmente el 20 de junio de 2016).
Quizás como ya lo había mencionado anteriormente en
algunos comentarios, escribo esta carta con un sentido total de
confusión en el alma. Debí bien haber escrito esto antes, pero las
múltiples ocupaciones, la ansiedad, la depresión, la incertidumbre que
me dejó lo acontecido, no es sólo la razón por la cual estoy digitado
algunas palabras, sino porque los malos entendidos con quien es la
persona más importante para mi, me habían dejado en un estado en el cual
tenía cabeza para todo, menos para desahogarme aquí, en mis cartas.
La
semana pasada tuve otra terapia, llevaba más de un mes si asistir a una
y francamente fue un mes muy, muy complicado. Fue tan complicado que,
aunque tenía cita, no asistí a ella debido al caos imperante que domina
mis sentidos. Luego de darle una disculpa a la doc y hacer una nueva
cita, iba preparado para algo nuevo, algo especial, algo que sabía,
marcaría una nueva etapa de las anteriormente mencionadas. La
preparación psicológica qué tuve que hacerme para afrontar las cosas,
contar la verdad de uno de los secretos más grandes y conocidos por
quienes más cerca de mi se encuentran, es un océano inhóspito, colosal y
desconocido para los incrédulos, para los que debo llamar "familia"
(aunque por supuesto, no es mía), y para mi terapeuta.
Y es
verdad, me cuesta hablar de esto a cualquiera, porque como bien se puede
leer en anteriores cartas, el horror que causa, el rechazo, incluso el
miedo o la molestia de quienes de algún modo tienen conocimiento de ello
me producen una sensación de malestar insoportable, un dolor poderoso
que me obliga a seguir en silencio, haciendo increíbles esfuerzos para
parecer "normal", cosa que claro está, nunca consigo. Aquel miércoles de
la semana pasada me senté frente a ella, y luego de responder las
típicas preguntas que me hace como el cómo me he sentido o qué ha
acontecido, me quedé en un profundo silencio. Me costaba, me costó un
enorme trabajo, pero luego de ello tuve el valor para decirle que tenía
algo que contarle, algo que siempre he llevado conmigo, algo que no
podía ocultar más.
Me dio las típicas explicaciones que daría cualquier terapeuta, las
mismas que he leído incontables veces durante los últimos 10 años acerca
de esto, lo "patológico" o "potencialmente peligroso" qué podría ser
aparentemente, el padecer esta "enfermedad". Me preguntó si sabía el nombre de ese
"síndrome", su tratamiento y posibles maneras de "curarlo". Me produjo
un enorme escozor en el pecho tener que retomar la misma historia, una y
otra vez, como si ese fantasma del pasado me persiguiera, riéndose de
mi, de mi ingenuidad y estupidez, contar de nuevo esas historias de
terror que viví y de las que sobreviví. Como es su costumbre, me
interrumpió, diciéndome que muchas veces y debido a
esos traumatismos recuerdos, la mente recrea sucesos imaginarios como si
fuesen ciertos. Por supuesto, me molesté, me indigna que me llamen
mentiroso cuando hablo de cosas tan delicadas, tan dolorosas, tan
traumáticas y violentas. Cómo se atreve a decir que solo "me lo soñé"?
Le dije que tenía pruebas físicas de ello, lo que me demuestra cada vez
que mi cordura desaparece que eso no fue solo producto de mi
imaginación. Claro, no es muy común que te usen como objeto de
experimento, sometido constantemente a un lavado de cerebro y bajo
amenaza de muerte, para nada común y sobre todo, enfermizo.
Finalmente
hicimos un ejercicio de relajación, pues ya estaba yo algo alterado,
luego de 2 minutos dio por finalizada la terapia y salí de ese
policlínico con enormes deseos de no saber absolutamente nada del mundo.
Pero sé que aunque fue algo que tarde o temprano iba a tener que
afrontar frente a cualquier tipo de terapeuta, no sería nada que quieran
tomar a la Ligera. Sé a la vez que esto es sólo el comienzo, que con
plena certeza han de venir nuevos test, exámenes, pruebas de laboratorio
y como ella lo dijo, posiblemente nueva medicación. Para ella las cosas son muy
claras, necesito medicación contra una nueva enfermedad que según sus
conocimientos, quizá requiere un nuevo tipo de trato.
El próximo jueves
tengo una nueva terapia, no lo negaré, siento algo de temor, pues van a
preguntarme aun más acerca de lo ocurrido en ese ya lejano país, de el
por qué terminé allí, la razón por la cual soy lo que soy, siento lo que
siento, digo lo que digo... Sufro lo que sufro. Sinceramente opino que
una posible nueva medicación no va a aliviar el dolor que siento en lo más
profundo de mi ser, no hará que yo desaparezca por ser algo
inconcebible, dudo mucho que mejore mi enfermedad, sino que más bien
alimenta ese increíble deseo de levantarme contra quien se oponga a mi y
gritar con todas mis fuerzas desde el abismo en el cual me encuentro
que deseo con firmeza continuar. Lo que deseo es poder recordar sin
dolor, mirar mis cicatrices y no arrepentirme de haber permitido que las
hicieran en mi piel y en mi corazón. Cómo podría un muy serio,
estudioso, juicioso y por supuesto, objetivo psiquiatra comprender que
una cosa es el dolor descrito en un muy respetable libro y el dolor en
el lenguaje de quien tuvo que vivir por cosas como estas? Como podría
comprender el ardor de una herida en el alma? No los culpo, y es más,
agradezco mucho que dediquen su vida en tratar de solucionar problemas
que no son en absoluto los suyos, pero no todo se soluciona con
medicamentos, no se puede curar las cicatrices que deja la tortura, el
abuso, la violencia y la desesperanza.. El deseo de morir y
desintegrarte en el fango putrido del fondo de un dique. Solo deseo
eso... Terminar de una vez con ese dolor..
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