martes, 20 de septiembre de 2016

XXVII.

(Publicado originalmente el 20 de junio de 2016).


Quizás como ya lo había mencionado anteriormente en algunos comentarios, escribo esta carta con un sentido total de confusión en el alma. Debí bien haber escrito esto antes, pero las múltiples ocupaciones, la ansiedad, la depresión, la incertidumbre que me dejó lo acontecido, no es sólo la razón por la cual estoy digitado algunas palabras, sino porque los malos entendidos con quien es la persona más importante para mi, me habían dejado en un estado en el cual tenía cabeza para todo, menos para desahogarme aquí, en mis cartas.

La semana pasada tuve otra terapia, llevaba más de un mes si asistir a una y francamente fue un mes muy, muy complicado. Fue tan complicado que, aunque tenía cita, no asistí a ella debido al caos imperante que domina mis sentidos.  Luego de darle una disculpa a la doc y hacer una nueva cita, iba preparado para algo nuevo, algo especial, algo que sabía, marcaría una nueva etapa de las anteriormente mencionadas. La preparación psicológica qué tuve que hacerme para afrontar las cosas, contar la verdad de uno de los secretos más grandes y conocidos por quienes más cerca de mi se encuentran, es un océano inhóspito, colosal y desconocido para los incrédulos, para los que debo llamar "familia" (aunque por supuesto, no es mía), y para mi terapeuta.

Y es verdad, me cuesta hablar de esto a cualquiera, porque como bien se puede leer en anteriores cartas, el horror que causa, el rechazo, incluso el miedo o la molestia de quienes de algún modo tienen conocimiento de ello me producen una sensación de malestar insoportable, un dolor poderoso que me obliga a seguir en silencio, haciendo increíbles esfuerzos para parecer "normal", cosa que claro está, nunca consigo. Aquel miércoles de la semana pasada me senté frente a ella, y luego de responder las típicas preguntas que me hace como el cómo me he sentido o qué ha acontecido, me quedé en un profundo silencio. Me costaba, me costó un enorme trabajo, pero luego de ello tuve el valor para decirle que tenía algo que contarle, algo que siempre he llevado conmigo, algo que no podía ocultar más.

Me dio las típicas explicaciones que daría cualquier terapeuta, las mismas que he leído incontables veces durante los últimos 10 años acerca de esto, lo "patológico" o "potencialmente peligroso" qué podría ser aparentemente, el padecer  esta "enfermedad". Me preguntó si sabía el nombre de ese "síndrome", su tratamiento y posibles maneras de "curarlo". Me produjo un enorme escozor en el pecho tener que retomar la misma historia, una y otra vez, como si ese fantasma del pasado me persiguiera, riéndose de mi, de mi ingenuidad y estupidez, contar de nuevo esas historias de terror que viví y de las que sobreviví. Como es su costumbre, me interrumpió, diciéndome que muchas veces y debido a esos traumatismos recuerdos, la mente recrea sucesos imaginarios como si fuesen ciertos. Por supuesto, me molesté, me indigna que me llamen mentiroso cuando hablo de cosas tan delicadas, tan dolorosas, tan traumáticas y violentas. Cómo se atreve a decir que solo "me lo soñé"? Le dije que tenía pruebas físicas de ello, lo que me demuestra cada vez que mi cordura desaparece que eso no fue solo producto de mi imaginación. Claro, no es muy común que te usen como objeto de experimento, sometido constantemente a un lavado de cerebro y bajo amenaza de muerte, para nada común y sobre todo, enfermizo.

Finalmente hicimos un ejercicio de relajación, pues ya estaba yo algo alterado, luego de 2 minutos dio por finalizada la terapia y salí de ese policlínico con enormes deseos de no saber absolutamente nada del mundo. Pero sé que aunque fue algo que tarde o temprano iba a tener que afrontar frente a cualquier tipo de terapeuta, no sería nada que quieran tomar a la Ligera. Sé a la vez que esto es sólo el comienzo, que con plena certeza han de venir nuevos test, exámenes, pruebas de laboratorio y como ella lo dijo, posiblemente nueva medicación. Para ella las cosas son muy claras, necesito medicación contra una nueva enfermedad que según sus conocimientos, quizá requiere un nuevo tipo de trato.

El próximo jueves tengo una nueva terapia, no lo negaré, siento algo de temor, pues van a preguntarme aun más acerca de lo ocurrido en ese ya lejano país, de el por qué terminé allí, la razón por la cual soy lo que soy, siento lo que siento, digo lo que digo... Sufro lo que sufro. Sinceramente opino que una posible nueva medicación no va a aliviar el dolor que siento en lo más profundo de mi ser, no hará que yo desaparezca por ser algo inconcebible, dudo mucho que mejore mi enfermedad, sino que más bien alimenta ese increíble deseo de levantarme contra quien se oponga a mi y gritar con todas mis fuerzas desde el abismo en el cual me encuentro que deseo con firmeza continuar. Lo que deseo es poder recordar sin dolor, mirar mis cicatrices y no arrepentirme de haber permitido que las hicieran en mi piel y en mi corazón. Cómo podría un muy serio, estudioso, juicioso y por supuesto, objetivo psiquiatra comprender que una cosa es el dolor descrito en un muy respetable libro y el dolor en el lenguaje de quien tuvo que vivir por cosas como estas? Como podría comprender el ardor de una herida en el alma? No los culpo, y es más, agradezco mucho que dediquen su vida en tratar de solucionar problemas que no son en absoluto los suyos, pero no todo se soluciona con medicamentos, no se puede curar las cicatrices que deja la tortura, el abuso, la violencia y la desesperanza.. El deseo de morir y desintegrarte en el fango putrido del fondo de un dique. Solo deseo eso... Terminar de una vez con ese dolor..

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