martes, 20 de septiembre de 2016

XXIII.





(Publicado oroginalmente el 7 de mayo de 2016)







Eco que llena el silencio, eco de tono vacío,
De dónde vienes, a quién dedicas tu insonoro suplicio?
Me pregunto si tus labios tienen un sabor a agonía,
A inmensa y eterna melancolía.

Llanto mudo de alma en pena, aquel que nadie puede oír,
A qué se deberá tu condena, de la cual intentas huir?
Tu voz trae consigo mil recuerdos, de aquellos inolvidables,
Así tu pena compartir puedo, hacerla menos densa, anhelos en sí inalcanzables.

Escucha mi grito, asfixiado, agotado, agonizante,
El lamento del abismo, oscuro y escalofriante.
Reseca mi existencia, mis lágrimas, ser,
hasta lenta y paulatinamente, desaparecer.

Implacable y justo eres karma,
me has traído hasta tierras lejanas.
Rescatándome de los ya recitados maleficios,
encarcelándome en soledad eterna, condenado al olvido.

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