miércoles, 7 de septiembre de 2016

XX.

(Originalmente publicado el 4 de marzo de 2016)

(Por favor, no leas esto si eres alguien sensible, es la carta mas asquerosa que he escrito.  Gracias).




Me tomo la molestia de escribir en la madrugada porque este sueño me ha impactado tanto que necesito escribirlo, así sea desde mi teléfono.   Deseo vomitar, y a la vez, el profundo impacto que este me ha dejado me obliga a escribirlo justo ahora.

Estábamos organizando con mis alumnos un viaje especial, un viaje de turismo que no comprendo por que, pero  parecía terminar en Asia. Tomamos motos de invierno, en parejas comenzamos un largo viaje que demoraba un día, y cuando llegamos el suelo se tergiversó de una manera increíble. Nuestro destino de repente se transformó, llegamos a un lugar cuyo olor me es absolutamente imposible de describir.  Un hombre relativamente gordo y viejo nos recibió, con ropas tradicionales que nos dio la bienvenida. El olor que se él Emanaba era tan nauseabundo que lo único que hacía era agradecer el no haber comido demasiado durante el viaje, el nos ilustró con libros  respecto a tradicion que en sus manos estaba.   El aseguraba que su trabajo era el más importante de todos y por el momento, aún medio dormido, puedo hallarle la razón.

Ese hombre bajo y de mirada melancólica y amable era el sepulturero de un cementerio con milenaria tradición. La técnica del entierro en ese lugar era la más asquerosa que nunca antes pude haber  siquiera imaginar.  Trabajaba sin guantes, sus botas antiguas de cuero estaban embarradas por completo, y conforme nos guiaba hacia el "jardín " el olor de hacía cada vez más insoportable. Permítanme ahora por favor describirles lo que se ese sueño me sacó.

El suelo tenía un color difícil de explicar. Era de un tono verdoso y oscuro, un tono opaco que parecía a veces marrón, era húmedo y su consistencia hacía que cada paso que dabas se te quedarán pegados los zapatos al suelo. Nos llevo a través de tumbas hechas aparentemente de barro cocido, un barro tan podrido como el suelo que pisábamos y que de ellas sobresalía un olor de espanto. Las tumbas tenían forma de faroles gigantes, del tamaño suficiente como para que cupiera y persona adentro . Tenían espacios abiertos que parecían ventanas sin cristal, y el cuerpo del difunto estaba al parecer prácticamente a la vista. Entonces conforme avanzábamos por aquel jardín asqueroso en donde no me explicaba el por qué aún habían en pie árboles, y habían personas que rodeaban esas extrañas tumbas para visitar a sus seres queridos, comencé sentirme mal del estómago.  El hombre explicaba mientras tanto, con una increíble devoción, el absurdo proceso que llevaba a cabo  desde hace 50 generaciones; el cuerpo debía dejarse sin enterrar unos días y cubrirse con heces de oso, y esa putrefacta masa que pisábamos, esa masa hedionda era el producto de la descomposición de todos los cuerpos que allí alguna vez yacieron.  El hombre cubría luego los demás cuerpos cubiertos con la masa que de otros cuerpos ya, totalmente podridos, encontraba para acelerar el proceso de descomposición, el cual no dejaba ni siquiera los huesos del difunto luego de algunos años del cuidadoso tratamiento que el le daba a cada uno de ellos. Con una enorme espátula ungía el interior de las tumbas abiertas, cubría los despojos mortales como quien unta de mantequilla un pan. Los seres queridos iban en grupos a honrar a su familiar pese a lo que a simple vista se veía, era tan espantosa esa mezcla que ni moscas ni otros insectos querían estar allí para alimentarse, y esa masa putrefacta de luego retirar para ungir otros cuerpos, el resultado me es absolutamente imposible de describir.

El olor mortecino se te pega en la ropa, en la piel, el cabello, la gente acudía para rezar con cierta expresión de alegría y los niños parecían tener que soportar esto muy en contra de su voluntad.  Les colocaban máscaras teñidas con telas y decoradas de una manera siniestra, con pinturas, dando una especie de estilo de máscara funeraria mal pintada y espantosa. No se cuanto tiempo había yo estado con algunos turistas tan asqueados como yo allí, pero de lo que si estaba seguro era de que quería salir de ese cementerio verde oscuro. El hombre orgulloso nos guío hasta una parte cercana de un ataúd y vi algo aún mas espantoso que todo lo anterior torpemente descrito. Era y mujer vieja, tendría más de 70 años y estaba semi enterrada viva en esa mermelada infernal. Sus lamentos eran como los de u alma en pena y sólo su cabeza, hombros y pies estaban descubiertos, tan solo un farol metálico de color negro le hacía compañía en su hedionda agonía y no necesite preguntar que demonios hacía así y allí porque el explicó lo siguiente : "Está allí porque padece de una enfermedad complicada, tiene llagas en el cuerpo debido a ésta y los efectos curativos de esta masa mezcla de los difuntos de siglos tienen poderes curativos".

Definitivamente no tuve más remedio que agradecer por la visita guiada mientras el ungia otra tumba con su enorme cuchillo de mantequilla y salí de ese lugar lo mas pronto posible. El olor impregnado en mis ropas y piel me daban la impresión que no saldrían con una simple ducha, y el olor a aire limpio inundó mis fosas nasales, deseaba jamás haber entrado a ese lugar, y del espanto que me causó, me desperté.

Son la 5:42 am, estoy cansado, he dormido realmente poco en la última semana debido al proceso de cambio de medicamento, pero aún sabiendo que era sólo un sueño y que es en parte influído por las medicinas, no quiero ni comer ni dormir.

Deseo morir, pero definitivamente jamás ser enterrado ni tratado de esa forma.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.