martes, 12 de septiembre de 2017

XLVII.

Un cambio total, así defino mi vida en el día de hoy.  Luego de haber hecho el "viaje de mi vida" y de tener un poco más de orden con todo lo que se refiere a mi como socialmente vivo, siento una abismal transformación por donde quiera que lo vea.  Por supuesto, no es perfecto, pero he logrado mantenerme en pie sin derrumbarme, y desde luego, no ha sido fácil, pero lo estoy consiguiendo, cada vez parezco más una persona "normal", aunque jamás llegaré a serlo.

Durante el viaje pude olvidarme de cosas que me solían mantener con incertidumbre, estuve ocupado caminando, explorando, hablando y aprendiendo del entorno tan distinto que se vive en Tokyo.  Algunas veces acostado en la litera, miraba hacia las tablas de madera del segundo piso, y recordaba cuando me hallaba en la misma posición en otra litera, la de aquel maldito lugar donde tantos horrores y penas tuve que soportar, pero no sentía nada, ni siquiera esos recuerdos traumáticos podían tocarme, los veía como si fuesen una vieja película que nada tenía que ver conmigo.  A veces me preguntaba mientras caminaba qué sería en ese instante de aquellas personas que me degradaron hasta no ser nada de sus vidas, qué estarían haciendo justo en ese momento, mientras viajaba en el tren o bebía un poco de agua, y durante los últimos días de estancia allí y pese a la prohibición enfática que nos hicieron, bebí en la vivienda donde me hospedé, tenía miedo a una vuelta hacia atrás, no quería sentir el peso de sucesos negativos de vuelta a la tranquila vida que llevé por un mes, no tenía deseos de ello.

Y para mi sorpresa, al regresar a casa me sentí más liviano, como si esa maleta cargada de recuerdos también hubiera sido cargada por buena energía, y desde que volví de aquel hermoso viaje las cosas han rtanscurrido con cierta calma, algo rutinaria.  Y si, eso es lo que necesito, rutinas.  Rutinas para disciplinarme, para lograr objetivos nuevos, metas que van más allá de sueños juveniles, lograr algo tangible, algo que me genere seguridad, y creo que es ese el siguiente paso, crearme esa base para continuar adelante, y me doy  cuenta que mi mente ha cambiado.

**

Más allá de los profundos abismos de los cuales definía mi existencia en las primeras cartas que escribí, de ese profundo pozo en el cual me ahogaba constantemente sin descanso, ahora tengo alas, y aunque nunca creo poder salir de ese abismo en el cual he vivido durante los últimos 11 años, puedo volar alto, muy por encima de ese valle muerto por donde antes, decía caminar sin rumbo. No, no quiero abandonar mi morada de media noche cuando al fin he logrado enamorarme de ella, no quiero conocer de nuevo la luz, ni ser parte de ella.  Quiero dominar mis temores desde la oscuridad, seguir ganando espacio en ella, mirando al infinito sepulcral de mi espíritu manchado, aceptarme como soy y vivir en las sombras de un país oscuro y frío, así me siento mucho mejor.