Y heme aquí de nuevo. vacilando en este mar de contradicciones en las que no puedo engancharme a ninguna, pues ninguna puede si quiera encontrar algo de lógica en mi. Respiro, existo, puedo ver, y sin embargo, soy un ente en medio de la nada, buscando a quien le entrego todo con desesperación, y aún así, no logrando nada con ello. Heme aquí, sentado de nuevo con el laptop en mis piernas, con la cabeza dándome vueltas y el corazón saliéndose de mi pecho, buscando a su dueña, o quizás es que nunca se dio por enterado que jamás tuvo un dueño. Todo se torna gris, todo es oscuro dentro de mi, tinieblas profundas que sentencian el juicio que hace años se dio por terminado. Esa noche invernal en donde rogué por morir, sin tener derecho siquiera a ello. Posiblemente el karma me juega todo el tiempo malos momentos, todos a la vez, todos en menos de unas cuantas horas, me pregunto si no ha sido ya suficiente, si tan terrible me comporté en otros momentos de la historia como para merecer todo esto.
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Los polvorientos caminos del terreno ensucian mi piel. El negro inmenso de la noche eterna en un lugar donde jamás se ven las estrellas consume lentamente cualquier corazón, independientemente de como este sea. La inmensa nada, la soledad, el vacío, huesos esparcidos y árboles retorcidos de bellas ramas que quizás, en algún momento dieron los mejores frutos. Parecen seguirme, vigilarme en silencio. La brisa que levanta el polvo del suelo dibuja formas antropomorfas que parecen gritar enmudecidas, adoloridas, olvidadas, me pregunto si ese es el destino de todo ser que vive en la eternidad oscura, ser la nada, con sus cuencos negros en donde alguna vez seguramente tuvieron bellos ojos, sus bocas desesperadas intentado lanzar un grito silencioso de desesperación. Camino sin rumbo, sin mapa, sin meta, camino solo arrastrando las tristezas de un pasado en donde creí poder ser feliz. Camino errante, solo, con una sed y un hambre que nadie se ha atrevido a saciar plenamente. Camino mirando hacia arriba, preguntándome si sus ojos se atreverían realmente a mirarme, y con una sola palabra sacarme de todo esto, de nada, de este espacio vacío e infinito.
Tormentosos son los sentimientos que se mueven libremente alrededor de mi cuerpo, palabras repletas de ira, rabia, lenguas viperinas que alguna vez me atrajeron con promesas vacías. Qué puedo dar ahora cuando ya no me queda nada..? Me tiendo de rodillas sobre las piedras negras, con el corazón en la mano y con una quebrantada dignidad adolorida que, junto conmigo, baja la cabeza esperando ser nuevamente agredido. Pero oh, si! Claro..! Por fuera todo parece magnífico! Enseño una magnífica sonrisa que contagia a todos y hace pensar que soy normal, que soy todo un ejemplo!. Mis palabras son alegres, transparentes. Son el reflejo de todo el que busca complacerse con una supuesta felicidad pintada en mis labios, con bromas, increíbles juegos de palabras y sobre todo, una inmensa esperanza que decora mi hablar. Porque es así, no es de otro modo, soy como un espejo. Quien se acerca puede verse a si mismo, mas alegre, divertido, el mejor concejo les ofrezco sin dudarlo, encuentro en cada uno eso que ellos mismos habían perdido. Agradezco inmensamente en quien cree en mi, en que comprende que tienen algo dentro de si, algo magnífico, algo que yo en el fondo he perdido. Me alegra la vida hablar, hacer feliz. Como si esa felicidad que reflejan e irradian pudiese calmar el hastío oscuro en donde habito. Es malo hablar..? Pero como dice un artista, cantante que admiro "Déjame hablarte acerca del amor, no es costoso, te gustaría intentar..?". Condenado a ser incomprendido.