domingo, 7 de agosto de 2016

III.

Ah, dolor infinito que reposa en mis venas, en mi carne, en mis huesos, tu fragancia pútrida alivia mi alma, ensordece mis sentidos, nutre el aliento muerto de mis lamentos, le das un sentido a mi dolor. Malditos sean los dedos que te escriben, te halagan y se sacian de ti, de tu destino, pues en él encuentro yo el camino que me llevará al infinito oscuro de los abismos que me llaman por mi nombre, condenándome a ser indeseado en todas las realidades, todos los planos, desterrandome y condenandome al eterno olvido.

Desesperanza sea mi compañera, la que me susurra, la que me consuela, desesperanza que me alimenta, que me alienta a no morir, a soportar esta agonía, desesperanza que escribió mi historia con la sangre que me sacaron con tortura incipiente, con lujuria, con la idea de dibujar en mi rostro el sabor de la muerte. Desesperanza, mi compañera, mi guía, mi mejor amiga, la que me despierta todas las tardes y me arrulla en las madrugadas. Tus gélidos dedos se entierran en mi piel, me desgarran, me reconfortan. Tu mirada me duele, me desangra, me matan, me reviven, me desangran, tus palabras me ensordecen con tus mil sonidos, con tu lengua biperina. Me atan a la agonía, me relajan, me mantienen en un sopor reconfortante que me produce alegría, no me dejes, por favor te lo ruego, se por favor mi eterna compañía, la que me han negado por años con desgarrante indolencia, con esa luz eterna que perfora y desintegra lo poco que me queda de este corazón que a ti se aferra.

Sean las sombras mis amigas, mis consejeras, las eternas mensajeras de la desdicha que de mi se ha enamorado, y con cada una de sus cartas me demuestra que a la soledad eterna he sido condenado, delicadamente labrando un lecho en el cual eternamente estaré destinado a estar recostado para desde allí mirar al cielo de un negro profundo, de nubes rojas y olor mortecino.

Miren mi pecho!, oh, si!, ese increíble agujero! Ese en donde pasa a través de él cualquier mano, cualquier brazo, pero agranda cada insulto, cada amor destrozado que con desespero me aferro y del mismo modo, una y otra vez, estoy destinado a ser rechazado. Pero claro, quién quisiera con todos los sentidos despiertos tomar la mano de este ser condenado? por supuesto, nadie, estoy condenado a ser despreciado. Y entonces vuelven las cartas desdichadas de aquel ser que del averno me ha enviado, nuevamente comentando lo mal que me han tratado, lo mucho que por siglos me ha amado! Y entonces yo que hago con tanto amor imposible idealizado?

Por favor, no sientan lástima, nadie necesita de mártires, bien me repetían en el pasado, pasado que se ha grabado con una fuerza tan infinita como la eterna noche a la que he sido brutalmente castigado. Dígame alguien allí arriba, conocían alguna vez algún clamor similar a este?, allí, desde la intensa luz de eterna primavera, con olor a flores y a hierba fresca, donde no hay lugar mas oscuro que la sombra fresca que los árboles ofrecen de la luz intensa, de la luz eterna y bendecida de su padre, el que les ama con supuesta e irremediable energía, y que les abrazará hasta el final de sus días.

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