domingo, 7 de agosto de 2016

IV.

 (publicado originalmente el 15 e julio de 2015) 

Han pasado unos días, me doy cuenta de ello porque oscurece y aclara frente a mis ojos. Ya no reviso el calendario, de vez en cuando la hora, que ha pasado a ser 4 números en fila que cambian constantemente, que a veces muestran la misma cantidad, que se pierden, y con ello, pierden totalmente el sentido de su existencia, o quizás es lo contrario y soy yo quien la pierde, el sentido de mi propia existencia conforme esos números cambian. Hoy he sido aconsejado, debo salir, tomar aire fresco, sentarme en el jardín y disfrutar de la tarde, y aquí estoy. Estoy sentado en el jardín, escuchando a lo lejos gritos de niños que discuten algo que no comprendo, veo uno que otro auto, las nubes moverse, y entonces me percato que todo esto tan hermoso que me rodea ha perdido completamente su sentido a mis ojos.

Tengo que admitirlo, si bien mi salud mental ha decaído a un borde en el que sólo en un par de días van a evaluar, en parte es mi culpa. He dejado de tomar mis medicamentos a las horas exactas, a veces incluso los olvido, pero no puedo evitarlo, cada cuanto alguien me dice con tanta intensidad que le importo? Y aunque anoche la realidad de verle al rostro me chocó como cuando te lanzan un balde lleno de agua fría quería hacerlo, atreverme, arriesgarme a que todo lo que poco a poco se ha ido gestando tome forma y fuerza, sin embargo, al parecer ha sido destinado a perecer nuevamente entre mis manos. Y no es para menos, simplemente soy un caos, soy yo y ese monstruo que me devora, soy yo y esa niña de amplia sonrisa que día a día me codea y me dice "ánimo, todo va a estar muy bien". Por supuesto, quién soy yo para cuestionar aun ser de luz? Quién soy yo para llegar de la nada e intentar cambiarle la vida a una de esas siluetas que, como escribí en la primera carta, se asoman a ese pozo con agua al que estoy condenado a vivir sintiéndome ahogado, que me había estirado sus manos, y que ahora no sabe, estoy seguro, cómo hacer para soltar mis manos y así poder huir?.

Hoy en día no salgo, ni siquiera a revisar el buzón o si al caso a botar la basura, conforme avanza el tiempo me aterra más salir a la ciudad a dar una vuelta y hacer diligencias que quedarme en cama doblando o triplicando las dosis de mis medicamentos y bebiendo como loco. Y es que en este averno mental en e que me encuentro no hay salvación, mucho menos si la única persona que más me importa no refleja ni un ápice de sentimiento en su rostro. Me encantaría poder seguir escribiendo, desahogando mis trastornos, pero incluso esto me está costando demasiado. Quizás simplemente deba dejarme consumir por las sombras, volver a ser arrastrado hacia el fondo del abismo y perderme en él, con todas esas almas que claman mi muerte, mi condena, mi eterna desesperación.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.