domingo, 7 de agosto de 2016

I.


(Originalmente escrito el 11 de julio de 2015)

Había intentado escribir muchas veces. Muchos años de intentos fallidos, de muchos pensamientos confusos, quizás incluso prohibidos, sin embargo, quise hacer un nuevo intento. Últimamente me han dicho que tengo la facilidad, como un don, no obstante, aún si fuese cierto no lo creería, porque con los años y los sucesos siempre me terminan rondando con la misma expresión "no te creo".

Hablando con quien he tenido la dicha de conocer y abrir espacio nuevamente en mi me ha dicho algo, algo que me ronda una y otra vez; "las palabras son superfluas". Entonces me detengo, miro los sucesos que me han marcado desde que en 2004 decidí aparecer por primera vez, y me pregunto si soy todo lo que me han dicho. Claro, muy lejos de querer entrar en detalles o quizás intentar escarvar dentro del oscuro abismo de mi pasado hay un común denomninador, las parejas no me duran, soy yo quien siempre está mal? Y por supuesto miro al pasado, haciendo una retrospectiva mirada a mis traumas, y de esos sucesos que se marcaron en mi cuerpo y alma los he venido cargando como una cruz, cruz que sólo aumenta su tamaño cada vez que alguien aparece en mi vida, le ofrezco todo y termina con un "no te creo".   Entonces esa cruz que vuelvo a ver toma una nueva forma, adaptándose según las circustancias.  Crece y libera un olor pestilente, un aire gélido y está siempre rodeado de un polvo fino pero negro como la noche, que ensucia todo lo que toca y por supuesto, cuando reacciono y me detengo, me doy cuenta de que esa cruz, ese monstruo, me está comiendo.

Si pudiese yo definir todas las diversas formas a las que me he sometido para "sobrevivir" y para "definirme", entonces me doy cuenta que no existe, que es tan descomunal, horroroso y mortífero que la palabra "abominación" es la única que me llega, la más cercana.  Una palabra de origen antiguo que define algo que en la actualidad ya no se conoce, pues fue concebida para lo inconcebible, algo que el tiempo quiso tragarse, pues no existe nada capaz de definir esa palabra, y si, es esa la única, abominación es lo que me define.

He intentado muchas veces frente a mis terapeutas hablar al respecto, pero jamás creí que, a pesar de llevar año y medio asistiendo a terapias de "rehabilitación psíquica" ese tema se me hiciese tan difícil. He intentado algunas veces, pero las reacciones de horror en sus rostros me hacen comprender la naturaleza de mi ser, me avergüenzo, tanto como cuando me dicen ese "no te creo" que me cala por dentro, me deja sin aire y sólo consigue aislarme cada vez más en una isla desierta en donde siento que incluso el suelo en donde reposan mis pies me detesta.

Uno tras otro, año tras año después de todos los sucesos que me lanzaron al infierno del desprecio y el olvido me doy cuenta que, entre más intento cambiar o salir, mas errores cometo. Quizás pueda hacer una analogía que justamente ahora ha llegado a mi mente, y es bastante acertada. Es como si tu no supieses nadar, te lanzan a un pozo y en un intento desesperado por no hundirte en el fondo estiras tus brazos hacia arriba. Y cuando eso ocurre no se ve nada, se ven algunas siluetas, si al caso. Entonces esas siluetsa son antropomorfas, te rozan tu piel, intentas agarrarte de ellas, que tienes esperanzas, que vas a sobrevivir.   Sin embargo, cuando me toman y se dan cuenta de lo que soy me sueltan, una y otra vez, como si esa agonía del ahogo en ese lugar nunca terminara; sin tener derecho a morir, sin tener derecho a ser salvado, sólo condenado a ser visto, curioseado y desechado con total asco. Por supuesto, ha de haber quienes pasen al frente con el pecho inflado y la frente en alto y digan lo mismo "no te creo", por supuesto, no me creen, porque así soy, en el fondo, desesperado.

Lamentablemente para mi no he recibido una especificación clara de orden psiquiátrico, no sé de qué padezco. Aún así, aunque me dijeran el nombre de esa enfermedad lo dudaría, pues me siento tan anormal como aquella palabra que bien me define, o al menos se acopla mas a mi.  Quizás no me han dado ningún parte médico, porque soy tan extraño que no saben en dónde colocarme, si sufro de esto o de aquello, si manifiesto cierta conducta relacionada con esto otro y todo ese entretejido de léxico que desconozco y no me importa, en últimas, ese monstruo que antes era una cruz y me come vivo sólo sigue creciendo, con o sin vocabulario médico, entierra sus colmillos en mi, generando un dolor irracional, como aquel que se siente cuando te torturan con la intensión de mantenerte vivo, ver tu rostro descolocado en pánico y sufrimiento mientras se ríen de ti, disfrutando palmo a palmo condenar, usar, jugar, hasta que te sientes desintegrado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.