martes, 20 de septiembre de 2016

XXX.

(Publicado originalmente el 31 de julio de 2016).

El jueves tuve una última terapia con la analista psiquiátrica, y esta es una de las dos razones por las cuales escribo esta carta. Es de madrugada, me siento tan terriblemente mal como quizás debería sentirme todo el tiempo, como siempre me quisieron ver los que creen que "si no soy de ellos, no debo ser de nadie". Volviendo entonces al tema con esta doc, fue un corto pero muy agradable tiempo en su compañía, muy lamentablemente para mi ha sido la última vez que podré hablar con ella, la próxima semana vuelve la doc "de siempre", pero más adelante, supongo yo. Al hablar con ella en esta última ocasión me di cuenta de algo; aún no estoy "curado", al tocar el tema de "rigor" (lo ocurrido hace 10-11 años) volví a llorar. Y lloré como un idiota, no podía parar, entonces le dije que a pesar de todos estos esfuerzos hechos durante 2 años y medio con las terapias, me doy cuenta que aún no he logrado sanar esa profunda herida que a mi parecer, creo que no podrá sanarse jamás.

Estuvimos pues de acuerdo en que la terapia que estoy recibiendo en el departamento afectivo no es quizá la más adecuada para mi teniendo en cuenta todo lo que "nos pasó". Una terapia cognitiva enfocada única y exclusivamente al presente no es lo que busco, mucho menos lo que necesito. Cómo poder enfocarme en el presente cuando el pasado me pesa aún tanto que no puedo superarlo todo? Vivo arrastrando esos fantasmas, esos ojos verdes preciosos con los que aún, por bueno o por malo, sigo viendo en mis sueños. Entonces me prometió esta analista el hacer algunos cambios.  Claro, lo agradecería muchísimo, no es que la doc de siempre sea mala doc, todo lo contrario, es que es una terapia que definitivamente no me está ayudando del todo..

Ahora Está la segunda razón, que en realidad se divide en dos. Siento ganas de reír, una risa amarga, de esas que se tienen mientras te vas desmoronando lentamente. Por supuesto, algo que comienza mal, termina, y para mi dicha al menos puedo o al menos he logrado encontrar una manera de manejar este tipo de situación. Alguna vez años atrás un joven (que por supuesto, me caía y me sigue cayendo mal) me gritó en la cara mientras bebíamos; "usted es un idealista!". Claro, tenía toda la razón en ese momento y lo acepté (pero no es esta la razón por la cual me cae mal, es algo más personal que una simple charla entre alcohol). No me molestaba ni me molesta aceptar las cosas como son, pero con el paso de los años me doy cuenta que el idealismo, por supuesto, no está basado con los pies en la tierra. Pero aún cuando soy ya consciente desde luego de que esto no me traería nada bueno, me he dado cuenta también que aunque no va conmigo esta corriente, sigo idealizando a cierto tipo de personas. cómo puedo ser yo tan imbécil? Nadie tiene una respuesta exacta a esta pregunta, y tengo que decirlo, es un defecto propio que ya me está colmando la paciencia. Debo aceptar de una vez por todas cual es mi lugar en "este mundo", y es que simplemente aquí no tengo lugar alguno, ni en un plano más elevado ni tampoco en uno más bajo y denso. El limbo, la nada, las desiertas tierras de las profundidades a donde me lanzaron, ese es mi maldito lugar y de ahí por, Dios! No debo salir ni siquiera para echar un vistazo. No tengo idea de cómo si quiera se me ocurrió tanta tontería, no sé por qué me dejé llevar por palabras, ideas erróneas sobre mi.

El día que realmente comprenda el significado de la frase "No he nacido para amar o ser amado", seré realmente feliz.

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