(Publicado originalmente el 17 de agosto de 2015)
Desde el profundo negro de las escarpadas montañas esculpidas con furiosas tormentas de fuego y azufre, logro divisar el aliento eterno de los caídos, de sus pestilentes fauces hambrientas de lo mismo que padezco en mi interior. Y esta bella vista árida y carente de vida, logro ver todo lo que ocurre desde las sombras. Aquella aparente belleza que a la luz deslumbra y sorprende a quien mira, es una despiadada bestia que arrasa con toda ingenua bondad de los corazones contaminándolo todo con su corrupto corazón. Gigante y hermoso valle en donde unos lamentan y otros se regocijan, donde algunos destruyen y otros luchan en una interminable guerra de poder en donde jamás hay un ganador. Allí, en ese lugar, perecen ahora los sueños construidos, las metas fijadas y por supuesto, el enorme deseo de lo que jamás pudo ni podrá ser.
Pero de este infinito lugar de eterna media noche no saldremos nunca más. Es un hecho, no lo niego, pero posee una belleza tan majestuosa como la que posee una selva húmeda, un desierto helado, un páramo o el fondo del océano. Y es así, indiscutiblemente, este paisaje plagado de bosques muertos, sabanas heladas, mares secos y arquitectura abandonada, una indescriptible hermosura de la que me he profundamente enamorado.
Y aquí me quedaré, deseaba huir, salir a la luz atraído por todo aquello que promete en ese lado de ese plano. Una felicidad tan incompleta y efímera como la nuestra, un futuro que no existe, un amor egolatra y mundano. Y ahora desde aquí, la cumbre de la montaña de la que no se puede nombrar ni escribir, he reflexionado, pensado y decidido una sola cosa..
... Me he finalmente rendido.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.