lunes, 15 de enero de 2018

XLIX

Muerto, así me siento de nuevo. Muerto, como debí haber quedado bajo el fango del dique de aquel invierno 13 años atrás. Muerto, sintiendome más solo de lo que estoy, de nuevo en un helado invierno donde sopla un viento que te congela hasta los huesos.

Más solo que estando solo, aún en las tinieblas que me acogieron al caer, arden las lágrimas que caen, como si fuesen ácido, como si fuesen veneno.  No lo comprendo, todo estaba tan bien, todo parecía estar estable, en orden, bajo control, pero es como cuando una carroza de madera se vuelca por fuera de la carretera de piedras, todo queda roto, astillado, inservible. Duele el pecho, duele el cuerpo entero, duele incluso respirar.. Alguien puede darle alguna explicación a esto? Quiero morir, y lo peor, es que no puedo.

Manos blancas, suaves, con bellas formas, esas eran las que dedicaron un año para cuidar lo que ahora desechan, indiferentes de todo lo que pueda pasar. Amaba esa suavidad que acarició mi corazón, amé ese calor suave, esa delicadeza tan increíble, la ternura que nadie en el mundo podría tener. La magnífica belleza de la timidez me había envuelto con su aroma, embriagandome, y la soledad hasta ese entonces se había esfumado. Nada es para siempre, ni siquiera esas suaves manos que cuidaron de mí alma, ahora estoy astillado, roto, solo, pero es mejor así, supongo.

Deseo gritar en este vacío en donde nadie me escucha, donde nadie está, a donde nadie llega. Por favor, necesito estar solo.. Que nadie me busque, que nadie me encuentre.. Quiero fusionarme con la oscuridad.

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