viernes, 26 de mayo de 2017

XLV.

(Tarea de literatura..? je.)

Si alguien quisiera preguntarme por el tiempo en el cual esta bella historia se ha desarrollado, podría asegurar que ni yo mismo estoy muy seguro de ello.  Simplemente comenzó por una casualidad, nada especial, y sin embargo, es un suceso que me ha cambiado la vida.  Fue para el otoño, si, puedo recordar aquellos bellos colores que por el paisaje nórdico se pueden disfrutar, esos ocres y magentas que despuntan los pálidos troncos de abedules y y algunos abetos que hacen parte de una serie de robustos bosques que se pueden ver con tan solo dar un tranquilo paseo por los alrededores de la ciudad.  Y si, hermosos son sus ojos, tanto o más como este bello paisaje, pues esos los ojos que durante esa decadente y húmeda época del año tuve yo la dicha de conocer.

Si, fue por casualidad, como mencioné antes.  Una tarde en la cual entré al bar para tomar unos tragos y pasar el dolor del trájico final que había tenido mi vida amorosa hacía ya un tiempo.  Ese lugar no era el mejor de todos, lo sabía, había visto yo desde hacía ya unos años la gran cantidad de  disputas que allí se podían presenciar, era un "cuchitril", lo sé, pero tenía a la vez algunos amigos con quienes solía yo llorar mis penas y contar mis cortísimas dichas, y entonces, le vi.  Claro, estaba por supuesto yo acostumbrado a ver almas en pena muy jóvenes y ya con sus vidas perdidas en el alcohol, hombres que tenían una desbordante testosterona y creían que podían hacerse con cualquiera que quisieran, independientemente de si eran chicos o chicas, en su mayoría eran personas desagradables, pero contaba como bien dije más arriba, con algunas amistades que valían la pena allí.  Volviendo a aquellos ojos que me robaron el aire puedo decir que eran marrones, con unas fantásticas pestañas largas y encrespadas, de mirada tan pura como un manantial vírgen, y fue tal la sorpresa que al verle, sólo pude agachar la mirada. 

Le saludé, tal como solía saludar a mis amigos y conocidos, buscando la manera de entrar a su vida de la manera más caballerosa posible, le pregunté su origen, pero no logré ir más allá, pues su timidéz, que se me había antojado de lo más perfecta, no me permitió ir más allá.  Es cierto, había hacía un tiempo roto con una relación que me habían jurado sería duradera, por esa razón estaba seguro de estar listo para todo, menos para enamorarme una vez más.  Sin embargo, mi sorpresa fue monumental al encontrarle, y más en semejante lugar de perdición.  Con buena gana volví al día siguiente, y para mi gran sorpresa había vuelto a aparecer.  Con intentos caballerezcos me acerqué, le intentaba hablar tanto como mis demás amigos me lo permitían, sin ir más allá de lo que podía, pues ese hermoso ángel de preciosos ojos marrón contaba además con una personalidad tan suave que me impedía dar "pasos grandes".  Si, me refiero a la cercanía que poco a poco lograba ganar con él.  Y así transcurrieron días, semanas, en donde sólo podía acercarme de manera esporádica, pero cuando podía, me hacía el día, era completamente feliz, satisfecho con tan solo ver sus bellos ojos color marrón.

Pasaron entonces los meses, y luego de un día y una corta conversación, decidí dar otro paso, y darle mi número de teléfono, quería ir más allá, y mis planes con suerte, se estaban dando de una manera favorable para mi.  Si me preguntasen acerca de cómo es, cómo podría yo describiro, diría que el adjetivo más acertado para hacerlo sería "tierno", pues poseía una increíble ternura, una timidéz que podía malinterpretarse con hostilidad, pero de un corazón tan puro como el de un ángel, y así era, todo un ángel para mi.  Así pues le invité a salir, comenzamos a hablar más seguido y esto por supuesto no era suficiente para mi, me estaba gustando ya más de la cuenta, y decidí entonces llegar un día con un lindo regalo, algo que pudiera ser equivalente con su ternura, así que compré un lindo peluche de ranita y un ramo de rosas blancas.  De todo lo que hubiera podido desear en ese momento al entregarle esos regalos, su sonrisa, la cual nunca había visto, fue el mejor regalo que pude yo recibir a cambio, me había hecho nuevamente feliz, me había sacado con tan solo su sonrisa del profundo abismo oscuro y solitario en donde mi corazón se alojaba en tan solo un segundo.

Y fue así, como poco a poco comenzamos a salir, y lo que me sorprendía era que llevaba de vez en cuando consigo aquel peluche de rana que yo le había regalado, así que lo tomé como la mejor respuesta a mis sentimientos, aunque en ese momento, eran tan solo utópicos.  Y así fue como día a día nos fuimos relacionando más, sentía que el dolor que siempre me había identificado frente a todos mis amigos de aquel bar desaparecía con tan solo ver sus ojos, y añoraba en esos días con volver a ver su sonrisa.  Y aquella niebla espesa y oscura que había cubierto mi corazón por una década entera desaparecía con su sonrisa, con el tiempo que pasaba a mi lado, era definitivamente todo para mi.  Un cierto día de invierno, decidí entonces darle un beso en la mejilla, y la calidez de su piel al contacto me devolvió el aliento que había perdido al ver sus bellos ojos, lo abracé con toda la ternura que el reflejaba en mi corazón, y entonces decidí decirle lo mucho que él significaba para mi.

Si, fue un día de invierno, un primero de febrero, cuando el intenso frío que hiela hasta los huesos cuando decidí abrir mi corazón de nuevo, y para mi enorme sorpresa, recibí una respuesta inesperada; él sentía lo mismo por mi.  Y le di entonces el primer beso, cómo podría yo describirlo?  Era un beso lleno de la ternura que sólo él podía desprender, fue cálido, dulce y fantástico.  Lo abracé entonces con todos mis deseos de protegerlo, amarlo, cuidarlo y apoyarlo, como si fuera desde ese momento el tesoro que con mayor celo podía yo proteger, el se había convertido en todo para mi.

Y así pues, han transcurrido ya meses, y debo afirmar que han sido los mejores meses de mi vida; siempre a su lado, con toda la ternura que emana sólo por y para mi.  Y con sus gentiles y frías manos me sacó del averno en el cual vivía, la soledad infinita que sólo en ese abismo oscuro se puede sentir, como si me hubiese tomado la mano cuando en torpes intentos, quería del pozo infinito escapar.   Mis negros días de invierno se transformaron en una primavera inperenne, soleada y tibia, en la cual puedo salir con total libertad y lo más importante, tomando su mano.  "Pudiste tu, alma juvenil y rosagante de ternura sacarme de un tirón de mi abismo de nuevo, brindándole a esta alma en pena calor, luz, amor y consuelo".

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